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El trabajo, realizado en colaboración con el Colegio Oficial
de Farmacéuticos de Sevilla, tiene como base el análisis
de las impresiones de 138 estudiantes de Farmacia, 47 pacientes
con trastorno de la conducta alimentaria (TCA), anorexia o bulimia,
y 49 pacientes obesos. Para ello, los participantes en el estudio
han completado un cuestionario formado por un total de 146 adjetivos,
donde debían señalar aquellos calificativos con los
que más identificaban a las personas obesas. Los resultados,
divididos en una serie de tres artículos, dejan ver que todavía
"funcionan los estereotipos de que los obesos son personas
vagas, poco activas, excluidas socialmente, poco exitosas, etcétera;
aunque ellos no se ven así", afirma el investigador.
En función de los datos publicados, el adjetivo más
utilizado tanto por el grupo de estudiantes como por los pacientes
con TCA es pasivo: 61,59 % y 61,7 % respectivamente, frente al 6,12
% de los obesos. En esta relación, el segundo calificativo
más utilizado, rechazado, es empleado por el 34,05 %y el
42,55 % de los grupos citados, mientras que ninguno de los pacientes
con obesidad lo emplea en su visión de sí mismo. En
el otro extremo, los adjetivos que más usan las personas
con sobrepeso grave para definirse son limpio (67,34%), honrado
(61,22%) activo (57,14%), nervioso, discreto (ambos en 53,06% de
los casos) o inquieto (46,93%), los cuales, por regla general, no
llegan a usarse más allá del 10% en los otros dos
colectivos.
Vemos como a partir de un solo dato, el aspecto físico
(tener obesidad), las personas son capaces de atribuir características
de personalidad muy determinadas, señalan los investigadores
en su estudio, a la vez que consideran que el aspecto corporal "provoca
una estigmatización de la obesidad que, en nuestro caso conlleva
una visión de las personas obesas como fundamentalmente introvertidas
e inhibidas".
En un tercer artículo, pendiente aún de publicación,
el grupo dirigido por Ignacio Jáuregui se plantean si esta
visión es compartida por otros contextos sociales. Para responder
a esta cuestión, los investigadores tomaron como muestra
comparativa Cuba, un lugar que, a su juicio, siendo cultura
occidental no presenta los mismos elementos de presión social
hacia la delgadez que nosotros tenemos. En esta línea,
los resultados obtenidos en el estudio apuntan a que los obesos
cubanos se perciben de forma menos negativa que los españoles.
Según declaraciones del responsable del proyecto, que
el obeso se perciba de tal o cual forma depende, en buena medida,
de elementos sociales, ya que en sitios donde se presenta una menor
presión social hacia la delgadez, las personas obesas se
sienten más felices y, por tanto, la obesidad no tiene por
qué comportar unas connotaciones negativas. En este
sentido, los investigadores han encontrado que en Cuba la idea con
respecto a la obesidad es que se va a tratamiento por
un problema de salud. Por el contrario, en países como España
el principal elemento motivador es, por encima de estar sano, la
estética.
La gente hace dieta porque quiere estar más mono o
más mona, no tanto porque esté concienciada de que
tiene un problema de salud, especialmente en el sector joven,
subraya Jáuregui. Como ejemplo de esto, el investigador expone
que, siendo el tabaquismo un severo problema de salud, mucha gente
no deja de fumar por temor a engordar. Por encima de la salud,
una cuestión estética es capaz de contribuir al mantenimiento
de un hábito claramente perjudicial, señala
por último.
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