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Los norteamericanos podrán deducirse el importe de los tratamientos
de adelgazamiento siempre que sean recetados por una médico
y no tengan como fin el mejoramiento de la imagen.
Así se están poniendo las cosas en tierras norteamericanas,
¿qué será lo siguiente? Incrementar los impuestos
a quienes no logran perder peso como castigo a su holgazanería,
a su gula, a su falta de compromiso o a su dejadez para su propio
persona o ¡es que vamos a tolerar que cuerpos rechonchos se
paseen delante de nuestros hijos! ¡se ha visto ofensa semejante!.
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Convencidos están de la excelencia de la medida, opinión
que seguro que comparten millones de personas, muchos también
entre los que estén leyendo este artículo. Sí,
si hasta casi logran convencernos de la " bondad" de dicha
ley, a fin de cuentas hay millones de personas que derrochan verdaderas
fortunas para poder conseguir esa figura ideal, al menos de esta
manera se paliará en parte la maltrecha economía de
esas familias, entonces ¿qué tiene de malo esa medida?.
Afirmar que esta no es más que otra estrategia de la poderosa
industria dietética para perpetuar más aun si cabe
su éxito asegurándose una demanda constante y creciente
de personas dispuestas a comprar sus productos y servicios, esta
conjetura se rayaría en el simplismo lo cual no sólo
resultaría estéril por la debilidad del propio argumento
sino que incluso se le podría tachar a uno de imbécil
por criticar una de las pocas medidas con consecuencia positivas
para el bolsillo de los afectados. Más bien sería
visto como la habitual protesta del rebelde que aprovecha cualquier
excusa para defender una postura.
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